Sin artimañas, se lanza a la maraña de redes este blog de lengua y literatura... para poder refugiarnos, en tiempos de cólera, en un cuarto propio.

domingo, 26 de enero de 2014

PRETEXTO LXXX: Técnicas narrativas realistas: GALDÓS, Fortunata y Jacinta




Al pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo, Juanito la vio abierta, y lo que es natural, miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel recinto despertaban en sumo grado su curiosidad. Pensó no ver nada, y vio algo que, de pronto, le impresionó: una mujer bonita, joven, alta…
Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera. La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín se infló con él, quiero decir que hizo ese característico arqueo de brazos y alzamiento de hombros con que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural.
Juanito no pecaba de corto, y al ver a la chica, y al observar lo linda que era y lo bien calzada que estaba, diéronle ganas de tomarse confianzas con ella.
-¿Vive aquí –le preguntó- el señor Estupiña?
-¿Don Plácido?...En lo más último de arriba- contestó la joven dando algunos paso hacia fuera.
Y Juanito pensó:”Tú sales para que te vea el pie. Buena bota…”Pensando esto, advirtió que la muchacha sacaba del mantón una mano con mitón encarnado y que se la llevaba a la boca. La confianza se desbordaba del pecho del joven Santa Cruz, y no pudo menos de decir:
-¿Qué come usted, criatura?
-¿No lo ve usted?, -replicó mostrándoselo-. Un huevo.
-¡Un huevo crudo!
Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca, por segunda vez, el huevo roto, y se atizó otro sorbo.
-No sé cómo puede usted comer esas babas crudas-dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de trabar conversación.
-Mejor que guisadas. ¿Quiere usted?- replicó ella, ofreciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba.
Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juanito de aceptar la oferta; pero no, le repugnaban los huevos crudos.
-No, gracias.
Ella entonces se lo acabó de sorber, y arrojó el cascarón, que fue a estrellarse contra la pared del tramo inferior. Estaba limpiándose los dedos con el pañuelo y Juanito discurriendo por dónde pegaría la hebra, cuando sonó abajo una voz terrible que dijo:
-¡Fortunaaá!
Entonces la chica se inclinó en el pasamanos y soltó un yiá voy, con chillido tan penetrante, que Juanito creyó se le desgarraba el tímpano. […] Y al soltar aquel sonido, digno canto de tal ave, la moza se arrojó con tanta presteza por las escaleras abajo, que parecía rodar por ellas. Juanito la vio desaparecer, oía el ruido de su ropa azotando los peldaños de piedra, y creyó que se mataba.
                                               
                                                        
BENITO PÉREZ GALDÓS,  Fortunata y Jacinta

http://www.libertaddigital.com/cultura/libros/2015-02-14/benito-perez-galdos-el-mejor-sociologo-de-su-tiempo-1276540654/?utm_source=LIBRO&utm_medium=bajonoticia&utm_campaign=recomendados
 
 
 

Pretexto LXXIX: TÉCNICAS NARRATIVAS DECIMONÓNICAS: E.I.L y Monólogo Interior en Miau de GALDÓS


ESTILO INDIRECTO LIBRE: 
"En cuanto a técnica narrativa, la crítica unánime ha destacado la importancia que tiene el estilo indirecto libre, inventado por Flaubert, para la novela moderna."
"El estilo indirecto libre, al relativizar el punto de vista, consigue una vía de ingreso hacia la interioridad del personaje, una aproximación a su conciencia, que es tanto mayor por cuanto el intermediario -el narrador omnisciente- parece volatilizarse. El lector tiene la impresión de haber sido recibido en el seno mismo de esa intimidad, de estar escuchando, viendo, una conciencia en movimiento antes o sin necesidad de que se convierta en expresión oral, es decir, siente que comparte una subjetividad. El método del que se vale Flaubert para lograrlo es un uso sabio de los tiempos verbales y, sobre todo, de la interrogación."
"El gran aporte técnico de Flaubert consiste en acercar tanto el narrador omnisciente al personaje que las fronteras entre ambos se evaporan, en crear una ambivalencia en la que el lector no sabe si aquello que el narrador dice proviene del relator invisible o del propio personaje que está monologando mentalmente." 

MARIO VARGAS LLOSA, La orgía perpetua

A partir del texto de Vargas Llosa, deducimos que el EIL, permite reflejar de forma convincente los pensamientos del personaje sin prescindir de la 3ª persona del narrador. Gramaticalmente se caracteriza por el uso del imperfecto de indicativo, la reconversión de la persona “yo” en la persona “él”, la afectividad expresiva proporcionada por interrogaciones, exclamaciones, léxico propio del personaje… Además, falta el verbum dicendi introductorio. Es decir, el discurso aparece formando parte del discurso del narrador, pero la perspectiva y el lenguaje son característicos del personaje.

En el siguiente texto de Miau se señala en rojo el pensamiento de doña Pura contado por el narrador en estilo indirecto libre: Y cuando el espectro de la necesidad se le aparecía y susurraba en su oído con terrible cifra el conflicto económico del día siguiente, doña Pura se estremecía de pavor, diciendo: «No, no; antes las camisas que las cortinas». Desnudar los cuerpos le parecía sacrificio tolerable; pero desnudar la sala... ¡eso nunca! Los de Villaamil, a pesar de la cesantía con su grave disminución social, tenían bastantes visitas. ¡Qué dirían estas si vieran que faltaban las cortinas de seda, admiradas y envidiadas por cuantos las veían! Doña Pura cerró los ojos queriendo desechar la fatídica idea y dormirse; pero la sala se había metido dentro de su entrecejo y la estuvo viendo toda la noche, tan limpia, tan elegante...

Benito Pérez Galdós, Miau


 MONÓLOGO INTERIOR: 


 Es el discurso con el que el personaje expresa su pensamiento más íntimo, casi subconsciente, a través de frases directas de sintaxis elemental. Se caracteriza porque no va dirigido a ningún interlocutor, sino a sí mismo.

 En el siguiente texto Villamil, personaje de Miau, va desgranando sus pensamientos y reflexiones por los pasillos del Ministerio:

Y como la esperanza reanimaba todo su ser dándole un inquieto hormigueo, lanzose al dédalo oscuro de los pasillos. «La combinación... la plantilla nueva... dar entrada a los funcionarios inteligentes, y además de inteligentes, digo yo, identificados con... ¡Dios mío!, inspírales, mete todas tus luces dentro de esas molleras... que vean claro... que se fijen en mí; que se enteren de mis antecedentes. Si se enteran de ellos, no hay cuestión; me nombran... ¿Me nombrarán? No sé qué voz secreta me dice que sí. Tengo esperanza. No, no quiero consentirme ni entusiasmarme. Vale más que seamos pesimistas, muy pesimistas, para que luego resulte lo contrario de lo que se teme. Observo yo que cuando uno espera confiado, ¡pum! viene el batacazo. Ello es que siempre nos equivocamos. Lo mejor es no esperar nada, verlo todo negro, negro como boca de lobo, y entonces de repente ¡pum!... la luz... Sí, Ramón, figúrate que no te dan nada, que no hay para ti esperanza, a ver si creyéndolo así, viene la contraria... Porque yo he observado que siempre sale la contraria... Y en tanto, mañana moveré todas mis teclas, y escribiré a unos amigos y veré a otros, y el Ministro... ante tantas recomendaciones... ¡Dios mío!, ¡qué idea!, ¿no sería bueno que yo mismo escribiese al Ministro?...» 

Benito Pérez Galdós, Miau

Enlaces de interés:

 http://es.wikipedia.org/wiki/Miau_(novela)

La regenta: 


Capítulo XVI


Estaba Ana sola en el comedor. Sobre la mesa quedaban la cafetera de estaño, la taza y la copa en que había tomado café y anís don Víctor, que ya estaba en el Casino jugando al ajedrez. Sobre el platillo de la taza yacía medio puro apagado, cuya ceniza formaba repugnante amasijo impregnado del café frío derramado. Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo. La insignificancia de aquellos objetos que contemplaba le partía el alma; se le figuraba que eran símbolo del universo, que era así, ceniza, frialdad, un cigarro abandonado a la mitad por el hastío del fumador. Además, pensaba en el marido incapaz de fumar un puro entero y de querer por entero a una mujer. Ella era también como aquel cigarro, una cosa que no había servido para uno y que ya no podía servir para otro.



Capítulo XXV


Sí, usted lo ha dicho... Y ese es el camino. Yo sin Dios... no soy nada... Sin Dios puede usted ir a donde quiera, Ana... esto se acabó... Estoy en ridículo, Vetusta entera se ríe de mí a carcajadas... Mesía me desprecia, me escupirá en cuanto me vea... El padre espiritual... es un pobre diablo. ¡Oh, pero por quien soy... Miserable... Me insulta porque estoy preso!...El Magistral se sacudió dentro de la sotana, como entre cadenas, y descargó un puñetazo de Hércules sobre el testero del sofá. Después procuró recobrar la razón, se pasó las manos por la frente; requirió el manteo; buscó el sombrero de teja, se obstinó en callar, buscó a tientas la puerta y salió sin volver la cabeza. Creyó que Ana le seguiría, le llamaría, lloraría... Pero pronto se sintió abandonado. Llegó al portal. Se detuvo, escuchó... Nada, no le llamaban. Desde la calle miró a los balcones. Ninguno se abría. «No le seguían ni con los ojos. Aquella mujer se quedaba allí. Todo era verdad. Le engañaba; era una mujer. ¡Pero cuál! ¡la suya! ¡la de su alma! ¡Sí, sí, de su alma! Para eso la había querido. Pero las mujeres no entendían esto... La más pura quería otra cosa». Y pasaban por su memoria mil horrores. La carnaza amontonada de muchos años de confesonario. La conciencia le recordó a Teresina. A Teresina pálida y sonriente que decía, dentro del cerebro: «¿Y tú...?». «Él era hombre»; se contestaba. Y apretaba el paso. «Yo la quería para mi alma...». «Y su cuerpo también querías, decía la Teresina del cerebro, el cuerpo también... acuérdate». «Sí, sí... pero... esperaba... esperaría hasta morir... antes que perderla. Porque la quería entera... Es mi mujer... la mujer de mis entrañas... ¡Y quedaba allá atrás, ya lejos, perdida para siempre!...».Ana, inmóvil, había visto salir al Magistral sin valor para detenerle, sin fuerzas para llamarle. Una idea con todas sus palabras había sonado dentro de ella, cerca de los oídos. « ¡Aquel señor canónigo estaba enamorado de ella!». «Sí, enamorado como un hombre, no con el amor místico, ideal, seráfico que ella se había figurado. Tenía celos, moría de celos... El Magistral no era el hermano mayor del alma, era un hombre que debajo de la sotana ocultaba pasiones, amor, celos, ira... ¡La amaba un canónigo!». Ana se estremeció como al contacto de un cuerpo viscoso y frío.


http://es.scribd.com/doc/8910918/Textos-de-La-Regenta



https://raquelpelayo.wordpress.com/wp-content/uploads/2012/10/elestiloindirectolibre.pdf

 

PARDO BAZÁN

https://inmaculadamarin-linguas.blogspot.com/2017/01/realismo.html 

domingo, 19 de enero de 2014

LITERATURA UNIVERSAL I: LITERATURA ANTIGUA. EL CANTO ÉPICO.


Epica from Melisa Penélope

Teoría sobre épica y héroes épicos en la literatura, en el cómic y en el cine. Selección de los textos épicos más importantes:

http://www.ehiztari.com/epica/


Textos épicos : 

https://sites.google.com/a/escuelassj.com/la-literatura-universal-en-sus-textos/ejercicios-el-mito-en-la-formacion-de-los-poemas-homericos

Textos periodísticos que esclarecen y actualizan algunos aspectos de la Iliada y la Odisea:

http://elpais.com/diario/2004/07/17/babelia/1090019839_850215.html

http://elpais.com/diario/2005/03/12/babelia/1110586630_850215.html

http://elpais.com/diario/1985/01/31/cultura/475974008_850215.html

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/07/21/actualidad/1469102634_099406.html

http://elpais.com/diario/2004/07/17/babelia/1090019839_850215.html

http://elpais.com/diario/2008/12/17/ultima/1229468402_850215.html

http://www.lavanguardia.com/cultura/20171103/432559219943/caballo-troya-barco-fenicio.html

http://www.literaturaeuropea.es/obras/antologia-de-la-lirica-trovadoresca/